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viernes, 15 de junio de 2012

Música Aleatoria


MÚSICA ALEATORIA

En todas las categorías y estilos de música la voluntad del compositor ha privado en gran medida respecto de sus obras, por cuanto que  ha sido siempre su voluntad  la que planteó sus exigencias respecto de la versión definitiva. Con la música denominada aleatoria, las condiciones varían . La voluntad del compositor no sólo es alterada de manera fundamental en uno de los tipos que esa música presenta , sino que en el más avanzado de los casos, desaparece casi por completo, cediendo la iniciativa a los intérpretes. Se trata de una especie de estética de la ambigüedad y de la posibilidad plurivalente. De hecho, la música aleatoria propone un aprovechamiento de todas las posibilidades sonoras que encierra una composición. Este tipo de música se basa esencialmente en la  indeterminación, en el azar, en lo insólito nacido del cálculo, del capricho, del humor, de la fantasía y también de la capacidad del o de los ejecutantes o coautores.
De estas actitudes liberadas surgen diferencias de enfoque .
El primero, que fija la norma básica, propone la composición musical cimentada en el cálculo físico-matemático o cibernético, con cifras o series de cifras escogidas al azar, o sobre deducciones cifradas de antiguos textos orientales, muy frecuentados por las vanguardias de este movimiento, particularmente en diversos aspectos del budismo Zen.
Esta categoría inicial de música aleatoria nos enfrenta , todavía, a un tipo de música totalmente fijada de acuerdo con los deseos del compositor, quien ha dispuesto  los términos. Es música concebida, en rigor, dentro de normas generales propias de la tradición occidental.
En la segunda categoría de música aleatoria, especie de improvisación dirigida, el intérprete comparte con el autor la responsabilidad – o relatividad- del mensaje sonoro.
La tercera categoría arriba a un radicalismo extremo. El compositor ya no escribe su obra valiéndose de signos musicales, por la simple razón de que tal obra no existe: al menos hasta que los ejecutantes decidan lo que debe hacerse. Por medio de un gráfico casi siempre esquemático, el compositor o iniciador de la aventura fija directivas imprevisibles sobre el papel, valíendose de signos supuestamente aproximativos en “tempo”, dinámica, etc.
Del acuerdo mutuo sobre la significación probable de esos signos, surgirá el tipo de música que las circunstancias aconsejen o determinen. Puede decirse que en este orden de cosas, el compositor creador, en el sentido habitual del término, no existe. El azar, lo insólito, lo perpetuamente mutable triunfan, y lo que con ellos se haya obtenido,una vez finalizada la acción musical improvisatoria, se esfuma y desaparece. De más está decir que este tipo de música se conserva enigmática hasta el instante de la ejecución.
Sylvano Bussotti, Morton Feldman, John Cage, Juan Hidalgo, Christian Wolf, Giuseppe Chiari, son los principales cultores de este tipo aleatorio extremo, especie de estética de la ambigüedad, o más bien, de la infinita posibilidad, o , mejor aún, de lo que sól existe una única vez.

“Introducción a la música de nuestro tiempo” Juan Carlos Paz

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