MÚSICA ALEATORIA
En todas las categorías y
estilos de música la voluntad del compositor ha privado en gran medida respecto
de sus obras, por cuanto que ha sido
siempre su voluntad la que planteó sus
exigencias respecto de la versión definitiva. Con la música denominada
aleatoria, las condiciones varían . La voluntad del compositor no sólo es
alterada de manera fundamental en uno de los tipos que esa música presenta ,
sino que en el más avanzado de los casos, desaparece casi por completo,
cediendo la iniciativa a los intérpretes. Se trata de una especie de estética
de la ambigüedad y de la posibilidad plurivalente. De hecho, la música
aleatoria propone un aprovechamiento de todas las posibilidades sonoras que
encierra una composición. Este tipo de música se basa esencialmente en la indeterminación, en el azar, en lo insólito
nacido del cálculo, del capricho, del humor, de la fantasía y también de la
capacidad del o de los ejecutantes o coautores.
De estas actitudes liberadas
surgen diferencias de enfoque .
El primero, que fija la norma
básica, propone la composición musical cimentada en el cálculo
físico-matemático o cibernético, con cifras o series de cifras escogidas al
azar, o sobre deducciones cifradas de antiguos textos orientales, muy
frecuentados por las vanguardias de este movimiento, particularmente en
diversos aspectos del budismo Zen.
Esta categoría inicial de
música aleatoria nos enfrenta , todavía, a un tipo de música totalmente fijada
de acuerdo con los deseos del compositor, quien ha dispuesto los términos. Es música concebida, en rigor,
dentro de normas generales propias de la tradición occidental.
En la segunda categoría de
música aleatoria, especie de improvisación dirigida, el intérprete comparte con
el autor la responsabilidad – o relatividad- del mensaje sonoro.
La tercera categoría arriba a
un radicalismo extremo. El compositor ya no escribe su obra valiéndose de
signos musicales, por la simple razón de que tal obra no existe: al menos hasta
que los ejecutantes decidan lo que debe hacerse. Por medio de un gráfico casi
siempre esquemático, el compositor o iniciador de la aventura fija directivas imprevisibles
sobre el papel, valíendose de signos supuestamente aproximativos en “tempo”,
dinámica, etc.
Del acuerdo mutuo sobre la
significación probable de esos signos, surgirá el tipo de música que las
circunstancias aconsejen o determinen. Puede decirse que en este orden de
cosas, el compositor creador, en el sentido habitual del término, no existe. El
azar, lo insólito, lo perpetuamente mutable triunfan, y lo que con ellos se
haya obtenido,una vez finalizada la acción musical improvisatoria, se esfuma y
desaparece. De más está decir que este tipo de música se conserva enigmática
hasta el instante de la ejecución.
Sylvano Bussotti, Morton
Feldman, John Cage, Juan Hidalgo, Christian Wolf, Giuseppe Chiari, son los
principales cultores de este tipo aleatorio extremo, especie de estética de la ambigüedad,
o más bien, de la infinita posibilidad, o , mejor aún, de lo que sól existe una
única vez.
“Introducción a la música de
nuestro tiempo” Juan Carlos Paz
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